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Los anillos de crecimiento del tronco reflejan variaciones en el entorno.
Los árboles tienen una clara adaptación al cambio climático, según pone de manifiesto un estudio de la Universidad de Barcelona publicado en la revista Climatic Change. El trabajo, elaborado por Octavi Planells y Emilia Gutiérrez, directora del Grupo de Dendroecología del Departamento de Ecología de la Universidad de Barcelona (UB).
Las conclusiones de esta investigación no sólo tienen implicaciones ecológicas, sino que también tienen repercusiones de cara a la dendroclimatología, al demostrar que las condiciones ambientales que favorecen el crecimiento de los árboles no son siempre las mismas, no son constantes. El estudio muestra una posible fuente de error que se debería tener en cuenta para reconstruir climas pasados, ya que es posible que los anillos de aquellas épocas no reflejen las mismas condiciones ambientales favorables para el crecimiento de los árboles en la actualidad.
Los anillos de crecimiento registran todo tipo de acontecimientos ambientales puntuales (desde incendios a tempestades y plagas) con una precisión anual. De su estudio se encarga la dendroclimatología, disciplina que también permite estudiar periodos climáticos, cambios ambientales y procesos más complejos y difíciles de medir como la evolución del clima. La dendroclimatología establece relaciones entre series dendrocronológicas y series climáticas para describir qué variables atmosféricas favorecen o limitan el crecimiento de árboles en periodos concretos. Una vez identificadas estas relaciones es posible hacer el camino inverso y valorar los fenómenos meteorológicos de épocas pasadas sobre los que no existen registros instrumentales.
La dendrocronología no sólo se aplica en reconstrucciones climáticas, sino también en multitud de otros campos: desde la datación de maderas antiguas de edificios, barcos y obras de arte a estudios geomorfológicos de aludes, desprendimientos o terremotos o estudios de las perturbaciones ambientales sobre los árboles (incendios, plagas, erupciones volcánicas) o del retroceso de los glaciares.
Las ovejas son cada vez más pequeñas. Bueno, al menos las ovejas tipo Soay salvajes que viven en una isla remota de Escocia. Según la teoría evolucionista clásica, tendrían que ser cada vez más grandes porque las ovejas grandes tienden a sobrevivir y reproducirse mejor que la pequeñas, y las crías se parecen a sus padres.
La explicación que da Tim Coulson, un científico del Imperial College de Londres que estudia esas ovejas en la isla de Hirta, y sus colegas a este extraño fenómeno de encogimiento de las ovejas es que se trata de una respuesta al cambio climático: debido al calentamiento, los inviernos son menos crudos en esa isla y los corderos no necesitan ser tan gordos como antes para sobrevivir. "Es demasiado pronto para decir si el calentamiento global producirá ovejas de bolsillo", bromea el científico británico. Los humanos presionan la evolución. La reducción de tamaño de las ovejas
Las ovejas del archipiélago St. Kilda se conocen bien desde 1985, cuando se empezó a tomar medidas y datos de los individuos del rebaño que iban naciendo y desarrollándose. Los modelos normales de evolución indicaban que cada vez deberían ser mayores los ejemplares debido a la selección natural y otros factores que influyen en su supervivencia y reproducción en condiciones salvajes. Sin embargo el estudio del tamaño corporal, realizado en agosto de año en año, muestra que los corderos no crecen tanto como hace unos años y que incluso los pequeños que antes no sobrevivían, ahora lo hacen. La interpretación de los investigadores es que los inviernos más cortos y más templados hace que las crías de estas ovejas Soay no necesiten engordar tanto en sus primeros meses de vida como antes -con los inviernos duros- para sobrevivir al invierno y llegar a cumplir un año.
Debido al cambio climático, hay pasto disponible más meses y las condiciones de supervivencia no suponen un reto tan grande como hace unos años. Esto significa que incluso los ejemplares que crecen más despacio tienen la oportunidad de sobrevivir, lo que significa que están predominando en el rebaño ovejas más pequeñas.
A este fenómeno del tamaño medio decreciente de los individuos se suma el llamado 'efecto de la madre joven': las hembras de menor edad son físicamente incapaces de tener crías que sean tan grandes como ellas cuando nacieron. Los científicos no tienen una explicación clara para esto, pero señalan que su efecto es también el contrario del que cabe esperar cuando la selección natural está en acción, es decir, que resulten favorecidos los corderos más grandes.
El efecto del calentamiento se ha identificado ya en centenares de especies, como aves que adelantan su época de cría en primavera porque las temperaturas son más templadas que antes, o plantas que florecen anticipadamente y pierden las hojas más tarde en otoño. Pero la inmensa mayoría de estos cambios son fenotípicos. En muy pocos casos se ha logrado identificar por ahora alguna modificación genética provocada por la respuesta al calentamiento.